Mala
el 11 may - sin comentarios


Comprendo lo que te pasa, que no hace tanto que yo también pasé los mismos trances. Lo que no comprendo es que sigas aparentando que no ocurre nada, cuando todo tu mundo se derrumba. Ya sé que es jodido, justo cuando más madura quieres ser o por lo menos aparentar que eres, sentirte como una niña perdida en el bosque de caperucita, sin saber siquiera si es peor el lobo que el leñador. Ya te lo he dicho, comprendo perfectamente lo que te pasa, te has perdido en algún punto entre la niña que fuiste y la mujer que esperabas ser. La mierda de la indefinición, si ya lo sabemos todas. Oye, pero calma, no estás sola en el camino, como otras. Ahora te estorba esa compañía, pero créeme, dentro de unos años la añorarás, y querrías haberla conservado siempre junto a ti. No me mires con esa cara de suficiencia, bonita, que te aseguro que así será. Sí, claro, parezco una abuela contando batallitas. No me vas a molestar con eso, si a los siete años teníamos la misma edad, la seguiremos teniendo ahora, nena.
Que en tu pareja todo es guerra. Que aprovechas cualquier ocasión para socavar y sacudir las normas no escritas que hasta ahora regían vuestra convivencia. Pues como todas las rupturas anunciadas, a ver si te crees tú que has descubierto algo. Vistes de lolita solo porque es el estilo que más le jode a él, y te ofreces a posar para mí solo por fastidiarle, porque malpiense de nosotras - Cómo te gusta eso de provocarle conmigo, de que tengamos esta relación morbosa y ambigua - y de cualquier cosa que hagamos juntas, sobre todo si para hacerla te vistes de putilla adolescente. Que ese no es tu estilo. Que sé yo de buena tinta que eres mucho más clásica que toda esta parafernalia de camisetas transparentes y falditas de cuadros escoceses, que te han visto, que me lo han contado, que yo vuelvo de donde tú aún no sabes cómo llegar... Bien está que escandalices a tu envarado marido (Que siempre que me mira parece que acabe de tragarse un palo de escoba enterito), pero conmigo no juegues a la diva glamorosa, que no te va nada. A mí si quieres enséñame el último tatuaje que te has hecho, pero no me baciles que nadie, ni tu marido, te lo ha visto aún, que ya sé yo quién y cuando se tomó un buen rato en admirar esa y otras partes de tu anatomía. Ahórrate conmigo fingimientos y disimulos. Recuerda que el odio y la rabia que te queman por dentro me abrasaron a mí mucho antes.
Vidas paralelas. Qué me vas a contar si nos conocimos de niñas. Sé que nunca tendré una hermana con la que jugar, pero si la tuviera me gustaría que fuera exactamente como tú, psicótica, drogadicta, suicida, rabiosa y autodestructiva. ¿Quieres ser mi hermana? Dí que sí, dilo solo una vez, y te enseñaré cosas que sé que ya intuyes. Te enseñaré a disfrutar de todos los matices gastronómicos de ese sabor embriagadoramente dulzón de la sangre derramada. Esa sangre que fluye de los cortes en tus brazos y que de momento te limitas a lamer tímidamente, como con miedo de que te guste. Y te gustará, querida. Vaya si te gustará.



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